
Roman Polanski nuevamente nos vuelve a deslumbrar con una nueva obra maestra con su peculiar estilo claustrofóbico y hasta en ciertos momentos poéticamente peligroso, se podría decir a esta altura que es un maestro del suspenso donde los ambientes y los personajes condicionan al protagonista a un peligro inminente oculto, nos da la pista que algo se trama por encima del personaje pero nos hace cómplices de ello sin despejarnos de la sorpresa de lo que vendrá. Esta obra en muchos momentos hace recordar a la novena puerta donde el protagonista es alguien disconforme y desordenado que se ve envuelto sin quererlo en secretos ocultos, no posee intenciones de descubrir nada simplemente su propia curiosidad y ambición le han jugado en contra.
Protagonizado por Ewan Mac Gregor personifica a un escritor que es contratado por un ex primer ministro británico para escribir sus memorias. Polanski con este argumento que va hilando cada vez más hondo nos trae a nuestros ojos una de las críticas políticas más sagaces y certeras que ha dado el cine en los últimos años a la política de los Estados Unidos de Norteamérica, contada con inteligencia y con agudeza abordando cada postura política, el manejo de los discursos interiores y exteriores que realizan sus personajes, aquello que se oculta y muestra con intención en cada momento, la manipulación que envuelve a todos y a todo, un universo paralelo que pocas veces se puede descubrir sin no comprometerse a mancharse las manos con sangre. No deja hilo sin hilar ni da pie a estereotipos comunes de moralidad utópica, simplemente de manera magistral nos muestra cómo funciona aquello que no vemos o simulamos no percibir y lo que vemos sin creer pero callando lo que pensamos.
Los segundos finales de la película es poesía pura en su más alta expresión, gran obra de este genio polaco.
Protagonizado por Ewan Mac Gregor personifica a un escritor que es contratado por un ex primer ministro británico para escribir sus memorias. Polanski con este argumento que va hilando cada vez más hondo nos trae a nuestros ojos una de las críticas políticas más sagaces y certeras que ha dado el cine en los últimos años a la política de los Estados Unidos de Norteamérica, contada con inteligencia y con agudeza abordando cada postura política, el manejo de los discursos interiores y exteriores que realizan sus personajes, aquello que se oculta y muestra con intención en cada momento, la manipulación que envuelve a todos y a todo, un universo paralelo que pocas veces se puede descubrir sin no comprometerse a mancharse las manos con sangre. No deja hilo sin hilar ni da pie a estereotipos comunes de moralidad utópica, simplemente de manera magistral nos muestra cómo funciona aquello que no vemos o simulamos no percibir y lo que vemos sin creer pero callando lo que pensamos.
Los segundos finales de la película es poesía pura en su más alta expresión, gran obra de este genio polaco.





